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Posiblemente ubicado sobre un yacimiento celtibérico anterior, consta de un recinto de planta triangular, sobre una “muela”, en cuyas faldas se desarrolla la población. Por el lado Oeste viene delimitado por el barranco de La Lobera. Actualmente casi sin restos, fue uno de los castillos más importantes de la frontera de Aragón con Castilla, aunque ya aparece nombrado en las crónicas de al Udrí y en el Cantar del Mio Cid.

Castillo de Ariza
Imagen de 1925 aproximadamente

Fue conquistado por Alfonso I en 1120, poniéndolo bajo un gobierno de “tenentes” dada su importancia. Pasó por diversas manos y fue escenario de acontecimientos: En 1175 pertenecía al señorío de don Beltrán de Santa Cruz, señor de Teruel, Alcañiz, Luesia y Ariza; en este castillo el rey Alfonso II hizo donación del castillo de Alcañiz a la Orden de Calatrava, sustituyendo a los señores por comendadores. Fue uno de los castillos que en 1200 heredó Pedro II de su madre, pero lo empeñó poco después a Pedro Fernández el Castellano, nieto de Alfonso VII, para así reducir la crisis económica. Tras su vuelta a la corona 1278, Pedro III mandó fortificarlo a Gonzalo de Funes con cargo al erario real. En 1303 fue e lugar en que se celebró la entrevista de Jaime II con el infante Juan Manuel y Diego López de Haro, partidarios de Alonso de la Cerda contra Fernando IV de Castilla. Pedro I de Castilla lo tomó en 1357, durante la guerra de los Dos Pedros, pero de nuevo estaba en poder de Aragón en 1361, pues el 18 de enero Pedro IV vendió Ariza y sus aldeas, entre las que se encontraba Embid, a Guillermo de Palafox. Para financiar la campaña de conquista de Cerdeña.

Imagen de 1925 aproximadamente
Imagen de 1925 aproximadamente

El lugar perteneció desde entonces a los Palafox de Ariza y fue atacado por el V conde de Medinaceli Don Luis de la Cerda y la Vega en 1475. En 1512 era de Juan de Palafox y en 1610 de su descendiente, Francisco. Se relaciona visualmente con los castillos de Monreal de Ariza, recinto fortificado de Cerro Monroy, cerro de la Magdalena, torre de la Cuesta de las Carretas. Fue una fortaleza de gran extensión que ocupaba plenamente la meseta. De planta irregular, debió estar estructurada en varios recintos concéntricos, encerrando entre sus muros una extensión de unos 5.000m2. La torre del homenaje, de la que quedan escasos restos, estaba situada sobre un espigón natural que avanza sobre la población. En su recinto, se sabe por fuentes documentales, se situaba el palacio marquesal, del que no queda ni rastro. Los únicos restos conservados de la fortaleza son los de la torre, que tienen escaso desarrollo en altura, y los de algunos tramos de la muralla (desillarejo) repartidos por las laderas de la meseta. Tres recintos escalonados conforman su perímetro. Por el Norte (lado más vulnerable) existía un gran foso, y una gran muralla de la que sobresalía la mayor de las torres, circular en el lado Noreste. Por el Oeste la muralla corría paralela al barranco de la Lobera. Por el Sur caía a pico muy cerca de la actual iglesia de Santa María. Por el Este tenía tres recintos escalonados, con muralla en diente de sierra. En todas las direcciones se abrieron puertas. Una acequia penetraba al interior de las murallas, y proporcionaba agua en caso de asedio. Su planta tiene cerca de 9.000m2. En 1932 se derribaron partes ruinosas.

Bibliografía:

Cabañas, Aurelio. “Aragón, una tierra de castillos”
Guitart, Cristóbal. “Castillos de Aragón”

 

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