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En el año 1504 daba comienzo la reconstrucción de la iglesia de Santa María de Ariza, ante una población creciente, dotándola de una planta rectangular, también llamada planta de salón o hellenkirchen. Unos de sus artífices sería el cantero Martín del Campo, quien fallecía en 1531, y sucedía el cantero Juan de Durango quien terminaba la obra en 1546. Al mismo tiempo se construyeron varias capillas en el interior de la iglesia (San Miguel, San Felipe y Santiago y Santa Ana).
Su capilla mayor presenta un formato poligonal de tres lados, y junto a ella, una pequeña sacristía y la casa rectora. La citada capilla, de la misma anchura que la nave, abre directamente al cuerpo de la iglesia donde se desarrollan tres naves de la misma altura, separadas por potentes pilares cilíndricos y cubiertas con bóvedas de crucería estrellada.



El espacio interior, de unas proporciones armoniosas y desahogadas, se completa con una serie de capillas laterales de planta rectangular y abiertas entre los contrafuertes. Dos en el lado norte, advocadas en la actualidad a la Virgen del Pilar y a la Inmaculada, y otras dos en el lado sur, aunque de menores dimensiones, dedicadas a su vez a la Virgen del Carmen y a San José. A todo ello se suma la existencia de la capilla del Santo Cristo, situada en el sotocoro de la nave sur, así como la presencia de un arcosolio, en el segundo tramo de esta misma nave, que en el momento presente cobija las estatuas de los barones de Ariza.

La iglesia que ha llegado hasta hoy en día, tras su restauración a partir del año 1953 por el arquitecto D. José María Galán Jordán, es una excelente obra de cantería, de cuyo proceso constructivo tenemos conocimiento a través de la documentación que se ha conservado en el Archivo Parroquial de Ariza, gracias a la cual podemos recomponer la historia arquitectónica de esta interesante y precoz iglesia aragonesa de planta de salón; y de hecho, en unas fechas muy tempranas, que sólo pueden rivalizar con la catedral zaragozana de San Salvador.

 

 


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