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Los primeros vestigios de Ariza pertenecen a época neolítica, 5.000 a. C., desarrollándose asentamientos de superficie en el eneolítico y calcolítico (2.500-1.800 a. C) con numerosos yacimientos. Pero fue en la Edad del Bronce (1.800-1.100 a. C) cuando el territorio que ocupa la actual Ariza comenzó a sufrir un intenso poblamiento (Cerro la Cruz, Cerro Monroy, El Coto, El Crucero, Cerro Negro), teniendo su continuidad en época celtibérica (900-49 a. C.), con diversos yacimientos, muchos de ellos reutilizados (Cerro Monroy, El Coto, Cerro Negro, La Magdalena). La llegada de los romanos en el siglo III a. C. y las guerras celtibéricas van a suponer la conquista del territorio, aunque el único signo de ocupación romana de Ariza sea una losa sepulcral encontrada cerca de la estación y el puente romano sobre el Jalón, éste con materiales de diversas épocas, sobre todo medievales.

Puente Romano
Puente Romano

Poco o nada se conserva de época visigoda y es en el siglo VIII d. C., con la llegada de la tribu musulmana de los masmuda, y el asentamiento en la zona del clan de los awsaya, los que darán nombre al territorio, del cual deriva el actual topónimo. Yarusa, según las fuentes árabes, ya era considerada una madina o ciudad. Parece ser que formó parte del distrito de Barusa y como resto más elocuente estaba la muralla califal que circundaba la ciudad, así como su castillo que ya existía entonces.

El siglo XII va a suponer el fin del dominio musulmán y así en 1120, Alfonso I el Batallador reconquistará la zona, reorganizando el territorio y concediendo en 1131 el llamado Fuero de Calatayud, que incluía la tierra de Ariza, delimitando el territorio. Ariza ya tenía en esta época sus aldeas. Y la convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes era pacífica, con barrios diferenciados. Los cristianos vivían intramuros y los judíos y musulmanes, en sus respectivas aljamas, pero extramuros.

Tierra de frontera con Castilla, en 1213 Pedro II concedió a sus moradores el privilegio de franquicia, libertad y la exención de toda imposición y tributo. Y fruto de esto hacia 1251 Ariza se separó de la Villa y Tierra de Calatayud, formando su propia Comunidad de Villa y Tierra, que estuvo formada por la propia Ariza, Monreal, Bordalba, Santos (despoblado), Alconchel, Cabolafuente, La Puebla (despoblado), Pozuel, La Torre (despoblado), Embid, Torrehermosa y en algunas ocasiones Calmarza. Al frente de la Comunidad estaba el Procurador General. El castillo estaba regido por el sistema de honores y tenencias, al frente del cual estaba el tenente o alcaide, designado por el rey, formando parte del Patrimonio Real. El castillo fue considerado como uno de los 16 más importantes del Reino de Aragón.

En 1361 Pedro IV “El Ceremonioso” concedía a Ariza el privilegio de incorporación a la Corona, por el que se prohibía que pudiese ser vendida, permutada, enajenada o poseída por ninguna otra persona que no fuese el rey o su primogénito y sucesor, y pactando que los de Ariza y sus aldeas no reconociesen a otro señor que al rey y primogénito, declarando nulo cualquier acto que se hiciese contra su real voluntad. Pero en 1381, Pedro IV, acuciado por las deudas decidió enajenarla, vendiéndola a su alférez Guillén de Palafox por 30.000 libras barcelonesas, incluyendo por tanto la jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero y mixto imperio y la derogación de todos los privilegios concedidos a Ariza por los reyes de Aragón. Es decir, dejaba de ser Villa de Realengo para convertirse en un Señorío Privado.

Y los Señores de Ariza (los Palafox: 1381-1436 y 1451-1836 y los Funes: 1436-1451) se fueron arrogando los derechos de los vasallos e intentaron hacer lo mismo con los derechos comunitarios. Y ya en 1483 los de Ariza acusaron a Guillén de Palafox de haber usurpado derechos de pasto, hierbas, caza, pesca, carnicerías y justicia, e intentaron que se declarase nula la venta del rey de 1381. En 1491 los de Ariza dejaron de pagar los tributos y cercaron a su señor en el castillo, dando inicio a las llamadas Alteraciones de Ariza. La represión del Señor fue enorme y desproporcionada. Y en 1494 reunidos todos los vasallos en la iglesia de San Pedro de Ariza juraron seguir pleiteando contra su señor “aunque para ello tuviesen que vender a hijos y haciendas”. En 1497 Fernando II “El Católico” dictaba la Sentencia de Celada por la cual concedía a los Palafox la absoluta potestad, en contra de los intereses de los vasallos, que habían pasado de ser vasallos feudales a convertirse en vasallos alodiales. E impugnaron la sentencia, que volvería a ser confirmada en 1510. Una vez tras otra los reyes siguieron concediendo la absoluta potestad a los Señores de Ariza y colgando de las almenas del castillo a los vasallos rebeldes, dando garrote a unos y encerrando en las mazmorras a otros. Para colmo de males establecieron nuevos impuestos de maridaje que los representantes de los vasallos se vieron obligados a firmar por estar amenazados de muerte. Hacia 1556 los vasallos volvieron a rebelarse y Juan de Palafox ocupó militarmente la villa. Pese a la intervención del Gobernador de Aragón los ánimos no se calmaron. Y los de la Villa y Tierra se rearmaron de nuevo para presentar batalla y el culmen llegó en 1561 cuando varios vasallos de Monreal mataron a Juan de Palafox de un arcabuzazo. Los Señores quemaron Monreal en represalia y muchas gentes vagaron por campos y montes huyendo de la ira de los señores. Pero los de Ariza no se amilanaron y en 1579 volvían a pleitear contra su señor. Los vasallos estaban apoyados en su causa por los notarios, los clérigos e incluso los inquisidores, pero la monarquía una y otra vez concedía la absoluta potestad a los señores. Juan Calvete sería uno de los notarios que lideraron las revueltas, pero en contraprestación en 1611 el rey Felipe III nombraba a Francisco de Palafox I Marqués de Ariza.

Y si en 1492 se produjo la expulsión de los judíos, el año 1504 vio como se iniciaba la reconstrucción de la iglesia de Santa María de Ariza, ante una población creciente, dotándola de una planta rectangular, también llamada planta de salón o hallenkirchen. Uno de sus artífices sería el cantero Martín del Campo, quien moría en 1531, sucediéndole el cantero Juan de Durango, que terminaba la obra en 1546. Al mismo tiempo se construyeron varias capillas en el interior de la iglesia (San Miguel, San Felipe y Santiago, Santa Ana). En 1502 da también inicio el heredamiento de la Casa de la Vega. En 1610 se produce la expulsión de los moriscos. Y el siglo XVII se reforma también la iglesia de San Pedro de Ariza, de la que se encarga el cantero Pedro Lacuesta. También en el siglo XVII los Marqueses de Ariza establecieron una concordia con el Monasterio de Piedra para ser enterrados en este monasterio, ya elegido por sus antepasados don Guillén de Palafox y doña Violante de Luna a principios del siglo XVI. Se construye el Convento de San Francisco y el de Dominicas de San José, éste trasladado luego a Calatayud. En el XVII aparece también Juan de Palafox, diputado, consejero, fiscal, capellán, obispo y Virrey de Nueva España (México). Hasta el siglo XVII los Señores viven en las estancias del castillo, que es el símbolo del poder señorial y está dotado de salones, habitaciones, biblioteca, mazmorras, jardines y otras estancias.

Da inició la Guerra de Sucesión, tomando los Palafox y Ariza partido por Felipe V, quien en agradecimiento concederá a Ariza, en 1708, el título de MUY NOBLE y MUY FIDELÍSIMA, concediéndole también la exención del impuesto de la Media Annata. Pero Ariza remitirá un informe al rey para hacer extensiva estas gracias a los lugares y aldeas de su Tierra, que finalmente no se concedería. Los austracistas en su huida pegarán fuego a la mezquita que era utilizada como almacén para que las tropas felipistas no aprovecharan los suministros. En 1721 el Marquesado de Ariza recibiría el título de grandeza de España. En este siglo se construye también por Joaquín Antonio de Palafox el Palacio de los Marqueses de Ariza, fuera ya de los muros de la población. El siglo XVIII verá desaparecer la iglesia de Santo Tomás y heredará su patrimonio la ermita de San Andrés (despoblado de La Puebla). Y ya en este siglo las alteraciones habían dado paso a la vía jurídica. La Villa y Tierra seguía litigando contra los señores entre 1769-1786 por pretensión abusiva de derechos. Entre otras cosas los Marqueses se habían arrogado la designación de los cargos comunitarios de la Villa y Tierra, eligiendo personas vinculadas a sus propios intereses, lo que chocaba frontalmente con la defensa a ultranza que los vasallos mantenían de sus derechos comunitarios, calificado por estos “como un abuso intolerable de los señores”, puesto que si los empleos de Justicia y Gobierno y el de Procurador General de la Villa y Aldeas se nombraban por el dueño temporal, “estarían los vasallos oprimidos y sin libertad para tratar de sus propios derechos”.

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) Ariza y su Tierra sufrieron también los embates de los franceses. Y después que las Cortes de Cádiz de 1811 establecieran la disolución de los señoríos, los de Ariza y su Tierra volvieron a litigar contra el Marqués en 1832, negándose a pagar los impuestos y derechos del vasallaje y feudalismo. Y los Marqueses fueron llevando a juicio a cada una de las localidades de la Villa y Tierra (Ariza, Monreal, Bordalba, Alconchel, Cabolafuente, Embid, Pozuel y Calmarza) exigiendo los derechos de dominicatura y presentando para ello extensos informes, sobre pretensión de derechos, al juez. Pero la Desamortización de Mendizábal de 1836 vino a ratificar la supresión de las vinculaciones señoriales. Aunque todavía en 1860 seguían los litigios, como ocurre con Monreal de Ariza. Y con María Elena de Palafox (1820-1849) se extingue la rama de los Palafox de Ariza, pasando sus derechos a la casa Arteaga de los Duques del Infantado.

A finales del siglo XIX Ariza ya había despertado del letargo feudal y la llegada del ferrocarril de Madrid a Zaragoza y de Valladolid a Ariza dará un nuevo impulso económico a la localidad, generando innumerables puestos de trabajo. Se da inició al surgimiento de sindicatos y partidos políticos que en Ariza tuvieron gran repercusión social y que alcanzaron su apogeo durante la II República (1931-1936).  Ariza cuyo sindicato mayoritario era la CNT-FAI, llegará a poner en práctica la ansiada Reforma Agraria, pero también hay presencia de la UGT. Esto desembocará en la Guerra Civil (1936-1939), en que Ariza es cañoneada por uno de sus propios hijos para amedrentar a la población, quedando en manos de los golpistas. Y sus habitantes sufren una gran represión, huyendo los que pueden hacia el exilio o hacia el lado republicano, mientras otros que no pueden hacerlo son fusilados. La aplicación del Plan de Regiones Devastadas hará que se construyan y rehabiliten muchos edificios, dando inicio a una transformación urbanística sin precedentes en la villa, que se culmina ya, tras la muerte del dictador, en tiempos de la democracia o gobierno del pueblo.

Y el Palacio de los Marqueses, que había sido cedido al municipio en 1983, por la cantidad simbólica de 25.000 pesetas, por Iñigo de Arteaga, sirve ahora para actos de ocio, recreativos y culturales. Y el castillo, símbolo del poder, que durante siglos representó a los señores y marqueses aparece desdibujado y prácticamente desaparecido (se realizó un expediente de ruina en 1986), pasando sus piedras a servir de cantera a los pobladores, que se las han ido llevando poco a poco, en un acto de desagravio a sus antepasados y en un lento proceso por querer olvidar lo que representaba.

Joaquín Melendo Pomareta

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